... Y primero fue el tiempo, catalizador de la metamorfosis de una unidad formada por la materia y el espíritu. Y son partes de ese tiempo, como instantáneas de sentimientos, lo que desarrolla el trabajo de Vilaseca. Rectas, curvas, espirales, formas geométricas, trazos enérgicos y espontáneos hieren la materia dejando su huella, representación de un lenguaje onírico, incomprensible, a veces, para el intelecto pero elocuente para la sensibilidad más íntima. Su obra es la representación de lo no tangible, de esa parte del universo que solo podemos intuir como parte integrante del cosmos. Combina la materia, el color y las texturas o diferentes materiales y volúmenes, para dialogar con nuestro ser profundo, obsesionado por dar composición y estructura al impulso, a la energía, al impredecible devenir universal, fijando ese incesante movimiento invisible que nos envuelve y que es la vida, positiva, abierta, que resurge a pesar de todo.

Mario Vilaseca